NIÑOS MALCRIADOS
Urquía (Kia) Larralde
Mientras algunas personas están convencidas de que la mejor manera de educar a los niños es a punta de castigos físicos, que van desde “una buena nalgada” hasta agresiones bastante violentas; otras han reaccionado contra estos maltratos de un modo tan radical, que puede llegar a dejar a los padres sin autoridad, ni capacidad para orientar a los hijos.
Digamos de una vez que ambas posturas extremas son inadecuadas. La agresión física, aunque de momento pueda parecer eficiente, tiene varios efectos indeseables: a) el niño se habitúa al maltrato y, para que tenga efecto, este tiene que ser cada vez más severo, b) los padres maltratadores dejan de ser un refuerzo positivo para los hijos, perdiendo así la mejor arma que tendrían para guiarlos, c) generan posibles daños psicológicos en los chicos.
Para mostrar la inconveniencia de usar un método radicalmente “buenista”, me basaré en un ejemplo: en una ocasión tuve la oportunidad de observar a una maestra que, sin duda alguna, estaba convencida de las ventajas de una educación amorosa. Cada vez que ella intentaba explicar o informar algo, había una parejita que se peleaba, otro que se quejaba, alguien que tenía un accidente, en fin, ocurría alguna conducta disruptiva que ella atendía amorosamente. Una vez resuelto el altercado, intentaba retomar su discurso pero, inmediatamente se presentaba un nuevo evento que ella volvía a atender con su infinita paciencia y bondad. Y así transcurría toda la clase, sin que ella hubiera logrado transmitir una sola idea.
Estos modos extremos de atender la conducta de los chicos ponen en evidencia que el sentido común al uso es claramente insuficiente, y no necesitamos actuar tan errática y torpemente, cuando hay a nuestra disposición principios psicológicos probados que nos pueden guiar con efectividad.
Así, el análisis conductual aplicado (ACA) nos señala la diversidad de refuerzos positivos que podremos aplicar, cuando queramos aumentar y desarrollar una buena conducta de nuestros hijos y alumnos. No siempre se trata de objetos caros. Una mirada aprobatoria o una sonrisa son excelentes premios mucho más poderosos de lo que usualmente se cree. También, una actividad que le guste al pequeño puede condicionarse a haber completado la tarea escolar, por ejemplo.

El ACA también nos pauta como debemos graduar el nivel de exigencia, no cayendo en la sobre protección, ni en la demanda excesiva. A partir de aquí podemos elaborar todo un programa de desarrollo de hábitos. En fin, nos aporta herramientas que, una vez que las hayamos aprendido a manejar, nos harán sentirnos mucho más seguros como padres y, por ende, menos propensos a la agresión física o verbal.
Además, el ACA también nos señala cuando debemos abstenernos de dar un refuerzo positivo. El caso de la maestra que les acabo de comentar estaba, sin querer, reforzando la conducta disruptiva de sus alumnos. A los chicos los refuerza mucho ser atendidos y ellos sabían, perfectamente, lo que tenían que hacer para lograr la exquisita atención de tan amable y linda maestra, y esos comportamientos no hacían más que crecer, lo cual era, para ellos, mucho más divertido que escuchar fastidiosas explicaciones.
No pretendo, en este corto espacio, hacer un diagnóstico de la situación educativa en nuestro país, y en buena parte del mundo; pero solemos escuchar numerosas quejas acerca de lo poco que aprenden los niños en la escuela, del aumento de los desórdenes psicológicos, de la depresión, el acoso escolar, los suicidios, la violencia y para usted de contar…
No es posible que miremos estos problemas como si no fuera asunto nuestro o como si se tratara de una fatalidad. Los conceptos y las herramientas para enfrentarlos exitosamente existen y han sido probados en múltiples ocasiones. Lo repito: EXISTEN Y HAN SIDO PROBADOS.
La vieja expresión de “niño malcriado” lo dice claramente, ¿quién lo malcrió? ¿Acaso no fuimos quienes teníamos la responsabilidad de educarlo? Un mínimo de amor a nuestros chicos debería movernos hacia una entusiasta actitud de aprender sobre lo que la psicología puede enseñarnos, para la mayor felicidad propia y de nuestros pequeños.
- Psicólogo UCV
- Profesora (j) UCV
- Especialización y Maestría USB
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