¿CASTIGAR A LOS NIÑOS?

Te preguntarás acercade la conveniencia, o no, de castigar a tus hijos. Si lo que entiendes por castigo es lo que haces cuando,  luego de haber tolerado una serie de conductas que no deberías haber dejado pasar, cansada(o) ya de tanto mal comportamiento y llena(o) de cólera aplicas un “castigo” desproporcionado y abusivo; es obvio que eso está absolutamente desaconsejado. Pero lo que aquí llamamos castigo educativo es de ineludible aplicación en ciertas ocasiones.

QUE SABER DEL CASTIGO EDUCATIVO

El  castigo educativo hay que aplicarlo sólo y siempre que haya que disminuir o eliminar un comportamiento que sea dañino para el propio chico quien lo ejecutó o para quienes le rodean (Sundel y Stone Sundel, 1981).

Pongamos por ejemplo que el hermano mayor le pega al más pequeño, ¿se le puede permitir eso? ¡Claro que no! De hacerlo, el mayor entenderá que eso de pegarle al más chiquito, para conseguir lo que quiere está muy bien y se acostumbrará a hacerlo, lo probable es que  de este modo se convierta en una persona violenta. 

Es fundamental saber que toda conducta busca un beneficio, sea porque es placentera en sí misma, sea porque a través de ella se consigue algo deseado. Al no dar un castigo educativo a un comportamiento con el que un niño logró lo que quería, pero dañó a otros, es como si lo estuviéramos premiando por esa mala conducta, ya que el se salió con la suya. Por eso decimos que un mal comportamiento debe ser castigado  siempre que ocurra. Hacerlo una veces sí y otras no, no dará resultado.

También decíamos que se debe castigar sólo para eliminar malas conductas. Lo decimos porque el castigo NO sirve para desarrollar conductas deseables. Si queremos que nuestro hijo estudie más, eso sólo puede lograrse reforzándolo (premiándolo) por hacerlo. En ese caso el castigo no serviría de nada.

Pero, ¿qué entendemos por castigo educativo? Obviamente, siguiendo con nuestro caso, no es pegarle al hermano mayor, eso sería muy paradójico y absurdo: “Yo, quien soy más grande que tú, te pego para que aprendas a no pegarle a los más pequeños”. En definitiva, el castigo educativo consiste en la eliminación provisional de un privilegio o la reparación de una falta.

CUANDO Y COMO CASTIGAR

¿Qué tenemos que hacer entonces? Lo que hay que hacer es quitarle provisionalmente un privilegio a quien cometió la mala conducta. A un chico pequeño se le puede enviar a un lugar aburrido durante algunos minutos, en el que no pueda interactuar socialmente, ni tener acceso a TV, celulares ni ninguna otra  otra distracción.

Si el niño es más grande se le puede quitar la salida del sábado por la tarde o su mesada de la semana. En fin, dependiendo de la gravedad de la falta y de la edad tu hijo, sustraerle durante un cierto tiempo algo de su gusto. El castigo también puede referirse a la reparación de una falta.

Así mismo es importante la actitud que asumamos con el chico cuando lo castigamos: el tono de voz debe ser neutro, sin insultos ni amenazas, tampoco mirarlo a los ojos, sólo informarle de las consecuencias que le acarreará su mala conducta, consecuencias que deben ejecutarse lo más inmediatamente posible.  Castigar, en un sentido educativo, no implica maltratos, ni insultos, mucho menos desahogo de nuestra irritación.

En el libro de mi autoría, ¿Y QUÉ HAGO AHORA? ¡NADIE ME ENSEÑÓ A SER MAMÁ!, encontrarás 27 problemas frecuentes en los niños desde el nacimiento hasta los 12 años. En relación con el tópico que estamos tratando, puedes revisar en dicho libro  el tema Castigar conductas. Allí encontrarás una descripción detallada de los requisitos para el uso efectivo del castigo, así como sus posibles efectos paradójicos e indeseables.

También puedes consultar tópicos relacionados en este mismo Blog, así como visitar Facebook  Urquia Larralde (psykia) Twitter  @psykia20  e Instagram @psykia20. Agradezco las observaciones, preguntas, sugerencias o críticas que quieras hacerme a través de psykia20@gmail.com o por WhatsApp: +58 414 920 1676. Serán bienvenidas y con gusto las responderé.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:

Sundel y Stone Sundel (1981): Modificación de Conducta Humana, Limusa, México

5 respuestas a «¿CASTIGAR A LOS NIÑOS?»

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