ELEGETIBISMO PLUS

Sobre el “elegetibismo plus”, todavía plus, indefinidamente plus, conversaba con una amiga. Ella abogaba por alguien que desde chiquito le gustaba ponerse ropa de mujer y sentía inclinaciones homosexuales; lo que sufrió cuando lo castigaban por esas tendencias y lo liberado que se siente cuando, después que sus hijos se casaron, tiene una pareja de su mismo sexo.

Hube de admitir que es injusto que una persona, con claras inclinaciones homosexuales, no pueda privadamente satisfacerlas o que tenga que convertirse en un paria despojado de reconocimiento, afectos y derechos ciudadanos plenos. También concedí que esa es la parte válida de esta revolución “elegetebista”, la cual permite ser sensible a los sentimientos y necesidades particulares de algunas personas. 

Pero, ay, me temo que estamos exagerando. Estamos corriendo, no ya a tolerar, sino incluso aplaudir y promocionar, incluso ante los niños (hay serios cuestionamientos a Disney en ese sentido), actitudes y conductas que están erosionando a la familia tradicional, sin detenernos a pensar sobre las adversas consecuencias que esto puede acarrear a los niños, su estabilidad emocional, su sentido de identidad, su seguridad… 

Continuando con sus argumentos ella agregó, enfáticamente, que la monogamia era imposible.  Yo aludí al matrimonio de su propio hijo, en el que te todo indica que pasados los primeros siete años, ya hace algún rato, no parece haber ninguna nube en esa familia feliz con un par de hijos exquisitamente educados. 

Admitió que era cierto y entonces, sólo entonces, recordó asombrada que también tenía algunos sobrinos con realidades igualmente hermosas. Ante esto le hice algunas preguntas:

  1. Entonces admites que si es posible tanta belleza. A lo que respondió afirmativamente.
  2. Que también es deseable, pues el resultado son niños felices, productivos, encantadores… Su respuesta fue igualmente positiva.
  3. Que con esos ejemplos y vivencias lo más probable es que esos chicos reproduzcan familias igualmente bonitas y constructivas. Dijo que sí.
  1. Que quizás haríamos bien, antes de apresurarnos a aplaudir a quienes no tienen ningún reparo en disolver el mejor nicho que existe para la buena crianza de los infantes, detenernos un poco a mirar las realidades hermosas que sí existen y, más bien, tratar de ver cuáles son las condiciones que las han hecho posibles, para ir acrecentando el círculo virtuoso positivo. Ante este último planteamiento se quedó pensando…

En el libro de mi autoría ¿Y QUÉ HAGO AHORA? ¡NADIE ME ENSEÑÓ A SER MAMÁ!, encontrarás 27 problemas frecuentes en los niños desde el nacimiento hasta los 12 años. En relación con este tema de la sexualidad puedes revisar ¿Qué hago si mi hija me pregunta de dónde vienen los niños? y ¿Qué hago si temo que mi hija esté sufriendo abusos sexuales?

También puedes consultar aspectos relacionados en este mismo Blog; así como visitar Facebook  Urquia Larralde (psykia), Twitter  @psykia20  e Instagram @psykia20

Agradezco las observaciones, preguntas, sugerencias o críticas que quieras hacerme a través de psykia20@gmail.com o por WhatsApp: +58 414 920 1676. Serán bienvenidas y con gusto las responderé.

3 respuestas a «ELEGETIBISMO PLUS»

  1. ‘No promover’ la homosexualidad es una forma velada de decir que las parejas del mismo sexo no deberían caminar agarradas de manos por las calles o asistir a reuniones de padres y representantes juntas o decirle a sus alumnos, hijos, hermanos menores que su pareja es alguien de su mismo sexo. Me hace recordar esas leyes terribles que criminalizaban la promoción de la homosexualidad, forzando a muchos a permanecer en el closet y resultando en generaciones enteras de gente depresiva y frustrada (me pregunto si la autora del post no es uno de ellos). Sin embargo, lo que hace su argumento más risible, no es solo su tono retrógrado y desconectado de tendencias contemporáneas en psicología infantil y puericultura, sino la idea de que que las parejas del mismo sexo no puedan establecer uniones monógamas estables y criar niños en un ambiente amoroso dándoles seguridad y confianza. Un argumento que no tiene ningún basamento más que los prejuicios personales de la autora. Vaya hombre de paja!

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