TEMO QUE MI HIJA TENGA UN ACCIDENTE

Tengo un niño de diez años y una niña de tres. La chiquita lo mira embelesada cuando él hace gala de las destrezas motoras que, efectivamente, posee. Sólo al verla incorporándose con la clara intención de imitarlo me empieza a palpitar el corazón. 

Inmediatamente trato de frenarla explicándole que ella es chiquita y no puede hacer todo lo que hace el hermano, pero ya está tan embalada que no me hace caso y no para hasta que, tal como yo lo había supuesto,  se cae dándose golpes muy fuertes. Mi esposo dice que soy yo quien la hace caer, de tanto abrumarla con mis temores, ¿será verdad? No sé qué hacer.

ALGO SOBRE LA ANGUSTIA

Al menos por esta vez, creo que tu marido tiene razón. Imagina la siguiente secuencia que lleva a lo que se llama la profecía autocumplida:

  • El hermano mayor comienza a hacer gala de sus destrezas.
  • La chiquita lo mira cautivada y se dispone a imitarlo.
  • La observas e inmediatamente la imaginas saltando, corriendo y golpeándose tan feo que tienes que llevarla a un hospital. En síntesis, comienzas a tener pensamientos catastróficos.
  • Esos pensamientos te generan quizás palpitaciones, sudoración, alteraciones estomacales, en fin, algunas reacciones fisiológicas que son expresión de tu angustia.
  • La miras y, aunque ella está muy feliz corriendo, comienzas a gritarle que ella no puede hacer lo que hace el hermano, que está chiquita, que no tiene las habilidades requeridas.
  • Lo que le dices hace que ella se ponga nerviosa y te preste más atención a ti que a su tarea de correr.
  • En consecuencia, tiene movimientos torpes o, por ejemplo, no ve una piedra que tiene al frente, por lo que se cae y se golpea.
  • Corres a “auxiliarla” diciéndole cosas tales como: -¿ves?, ¡te lo dije!, eres muy chiquita, no puedes correr como tu hermano-, induciendo así, en ella, un sentido de inseguridad e indefensión.

Espero que este ejemplo te halla hecho entender que el origen del problema está en los pensamientos catastróficos que tu misma generas al verla correr.  Dirás que tu deber es protegerla y en eso tienes razón, pero, ¿cuál es entonces la solución? (Rimm, D. y Masters, J., 1980).

CÓMO AFRONTAR LA ANGUSTIA

Es necesario que, primero que nada, aprendas a parar esos pensamientos perturbadores y,

 cuando lo hayas logrado, dispongas de un ámbito o un tipo de juegos en el que la niña pueda desarrollar sus destrezas, sin que se arriegue a peligros reales. Recuerda también que las caídas y los chichones son parte consustancial de la infancia. Tu hija necesita desarrollar sus destrezas psico motoras, tanto desde el punto de vista físico,  como psicológico, en lo que se refiere a su autoestima, seguridad, desarrollo intelectual y hasta su felicidad.

Para informarte sobre como parar esos pensamientos catastróficos revisa ¿Y QUÉ HAGO AHORA? ¡NADIE ME ENSEÑÓ A SER MAMÁ! (WHAT DO I DO NOW? NO ONE TAUGHT ME HOW TO BE A MOM!) especialmente los temas: ¿Qué hago si mi hijita de tres años quiere correr y saltar igual que su hermano de diez? (What should I do if my three-year-old daughter wants to run and jump like her ten-year-old brother? y Detener pensamientos catastróficos (Stopping catastrophic thoughts) .

También puedes consultar temas relacionadosen en este mismo Blog;  así como visitar Facebook Urquia Larralde (psykia) Twitter @psykia20  e Instagram @psykia20

Agradezco las observaciones, preguntas, sugerencias o críticas que quieras hacerme a través de psykia20@gmail.com. Serán bienvenidas y con gusto las responderé.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:

Rimm, D. y Masters, J. (1980): Terapia de la Conducta. Técnicas y Hallazgos Empíricos, Trillas, México.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *