¿BASTA CON UN PENSAMIENTO POSITIVO?
“Yo tengo plena confianza en que eso se arreglará” o: “tengamos un pensamiento positivo y verás cómo atraemos la solución”. Son frases que suelen decirse a título de consuelo y muchas veces con un pretendido carácter predictivo.
Con frases como esas se pretende saldar el problema; queda prácticamente establecido que no es necesario hablar más del asunto, pues ya se ha decretado su resolución.
HASTA DÓNDE LLEGA EL PODER DE NUESTRO PENSAMIENTO

Como tantas veces ocurre, atribuirle poder a nuestros pensamientos parece ser una reacción contra una visión fatalista, que solía hacer predicciones negras y definitivas sobre un futuro inexorablemente determinado por el destino.
Se pretende, de este modo, hacer un giro de 180 grados, al cambiar un futuro siniestro por otro luminoso, que ahora, por el contrario, sólo obedecerá a nuestra mente.
Pero, como dice el refrán: “deseos no empreñan”. Nuestro pensamiento, la forma como interpretemos lo que nos ocurre, es cierto que si puede ayudarnos a lograr nuestras metas, pero sólo en la medida en que ese pensamiento sea racional y nos dirija y mantenga en una acción eficaz (Bandura, 1987).
CÓMO DIRIGIR NUESTROS PENSAMIENTOS HACIA UNA ACCIÓN EFICAZ

Llevemos estos planteamientos a nuestra condición de padres. Supongamos que nuestro hijo obtiene malas calificaciones escolares. ¿Qué hacer ante eso? Una reacción quizás todavía muy común es la de castigar y, posiblemente descalificar al niño usando epítetos que sólo logran hundirlo más en su fracaso.
Una segunda posibilidad es la de llenarnos, y quizás intentar llenarlo a él, de pensamientos “positivos” decretando, como decíamos, que el problema se superará mágicamente. Pero, ni una ni otra solución modificará los hábitos de estudio del niño, que es lo que muy probablemente se requiera.

Lo pertinente es orientar nuestro pensamiento y acción a buscar las posibles causas de ese bajo rendimiento escolar y abocarse a resolverlas. Es decir, es necesaria una actitud que no sea desesperanzada ni fatalista, pero tampoco se haga ilusiones ingenuas.
Las causas de su bajo rendimiento escolar podrían ser de orden biológico, cognoscitivo, emocional o conductual y lo lógico sería investigar cuál o cuáles de ellas están incidiendo, con el fin de corregirlas.
Parece una tontería tener que decirlo, pero debiéramos tener, hacia las conductas humanas, la misma actitud racional con la que enfrentamos un problema de plomería, de humedad o cualquier otro desperfecto casero.

Es verdaderamente lamentable que cuando se trata de lo más importante, delicado y de mayor contenido emocional: nuestros hijos, abandonemos la actitud razonable y lógica con la que solemos enfrentar problemas domésticos de menor trascendencia.
En el libro de mi autoría ¿Y QUÉ HAGO AHORA? ¡NADIE ME ENSEÑÓ A SER MAMÁ!, encontrarás 27 problemas que pueden presentarse en relación con los niños desde el nacimiento hasta los 12 años. En cuanto a este tema de como abordar los problemas y dificultades de los hijos puedes consultar en la PARTE II: PROCEDIMIENTOS PSICOLÓGICOS UTILIZADOS.
También puedes consultar en este mismo Blog: Castigar a los niños, Premiar a los niños, Recibe malas calificaciones, Desarrollar buenos hábitos, Incrementar las buenas conductas y ¿Mejor que sea competitivo?
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REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:
Bandura, Albert (1987): Pensamiento y Acción. Fundamentos Sociales, Edit. Martínez Roca, Barcelona, España-

