NOSOTROS SOMOS EL PREMIO
¡Ser una presencia gratificante para nuestros hijos! Es lo primero que tenemos que hacer, junto con constituirnos en un modelo digno de imitar. La educación es, primero que nada, auto educación.
Si no nos hemos ganado su respeto y admiración, junto con su cariño y alegría, es muy poco o nada lo que podamos hacer para educarlos bien. Piensa sólo, querido lector, en alguien a quien respetas y admiras mucho y que ese alguien te muestre estima y afecto. Quizás ese alguien pueda ejercer una influencia no desdeñable sobre ti.

Imagina, por el contrario, alguien por quien no sientes el menor respeto y simpatía, seguramente todo lo que te diga te parecerá mal. A veces puede bastar que esa persona se pronuncie en un sentido para que sientas el impulso, por ese sólo hecho, de sostener lo contrario.
La rebeldía adolescente que se la suele presentar, erróneamente creo yo, como si fuese una etapa inevitable del crecimiento, ¿no será el resultado de ejercer, durante la niñez, una paternidad sin la suficiente grandeza y afecto, que estalla en cuánto el niño se siente con cierta fuerza e independencia como para poder rebelarse?
COMO NOS CONSTITUIMOS EN PREMIOS

El principio teórico que fundamenta lo que hemos llamado “constituirnos en premios” es simple: se trata de que nosotros como padres, o cualquiera que aspire educar a un niño, quede asociado a algo agradable.
El reforzamiento no contingente, que así se llama técnicamente, consiste en observar o averiguar qué es lo que a determinada persona le gusta o necesita y proporcionárselo sin pedirle nada a cambio (Sundel y Stone Sundel, 1981).

Como padres solemos hacer eso espontáneamente, al jugar con los niños, trabajar armoniosamente con ellos, conversar, comer en la mesa compartiendo anécdotas y pareceres; estamos quedando asociados a sensaciones placenteras, lo que hará que nuestra sola presencia sea recompensante.
De ser así tendremos una poderosa arma en nuestras manos, de lo contrario careceremos de herramientas eficaces y positivas.

Quizás este principio pueda parecer tonto, pues la presencia de los padres, a menos que se trate de progenitores francamente violentos, suele ser deseada por los niños. Pero adquiere especial relevancia cuando se trata de ganarse a hijos adoptivos, un sobrino que se ha venido a vivir con nosotros, los hijos de la nueva pareja y casos similares. También cuando padres que no han sabido ser lo suficientemente atentos y afectuosos, deciden aprender a serlo.

En el libro de mi autoría: ¿Y QUÉ HAGO AHORA? ¡NADIE ME ENSEÑÓ A SER MAMÁ!, encontrarás 27 problemas frecuentes en los niños desde el nacimiento hasta los 12 años. En relación con este tema mostramos el caso de un señor introvertido, poco expresivo, que no sabía cómo ganarse el cariño de los hijos de su nueva pareja. No se le pidió que cambiara su modo de ser, pero sí que se interesara en las necesidades de ellos y las satisficiera sin condicionarlas. Puedes ampliar este tema consultando los capítulos ¿Qué hago si mis hijos no aceptan mi nueva pareja? y Constituirnos en premios, así como otros relacionados.
También puedes consultar, en este mismo Blog, Educar y Disciplinar con amor; así como visitar Facebook Urquia Larralde (psykia), Twitter @psykia20 e Instagram @psykia20
Agradezco las observaciones, preguntas, sugerencias o críticas que quieras hacerme a través de psykia20@gmail.com. Serán bienvenidas y con gusto las responderé.
REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:
Sundel y Stone Sundel (1981): Modificación de Conducta Humana, Edit. Limusa, México.

