EDUCAR
Después de haber escrito el libro: ¿Y QUÉ HAGO AHORA? ¡NADIE ME ENSEÑÓ A SER MAMÁ!, llegué a la conclusión de que educar a los hijos consiste en hacer tres cosas fundamentales:
- Constituirse para ellos en una presencia gratificante y en un modelo digno de ser imitado,
- Dar atención, comprensión, respeto y amor vs suprimirlos momentáneamente , por motivo de una malcriadez o algo semejante y
- Administrar premios y castigos, sobre la base de principios y reglas previamente considerados.

Esto cubre gran parte de lo que hay que hacer pero, por supuesto, es más fácil decirlo que hacerlo. La primera tarea es esencial, todo lo que se intente hacer servirá de nada, si uno mismo no se ha podido constituir en una presencia gratificante y en un modelo a seguir.
Eso significa que primero que nada tendríamos que auto educarnos: poner en orden nuestros valores, visiones, creencias, convicciones; que éstos sean coherentes entre sí y de modo sustancial con nuestros sentimientos y conducta (Bandura, 1987).

Pero, además de ser consistentes internamente, tendríamos que saber cómo ello se traduce en el modo de educar a nuestros hijos. Tendríamos que tener muy presente que son nuestras convicciones las que nos guíen en la conducta educativa a seguir, y no nuestros cambiantes estados de ánimo, frustraciones, ira, miedo o tristeza (ver en este blog: ¿Influir en nuestros hijos?)
Tendríamos, también, que saber encontrar oportunidades para compartir alegremente con los chicos, a la vez que les ofrezcamos oportunidades para su desarrollo, que sean estimulantes para ellos.

La segunda tarea no es menos importante: los niños necesitan sentirse atendidos, queridos, comprendidos en sus éxitos y en sus fracasos, en su alegría y en su dolor, en sus dudas y timideces, así como en sus sueños y creencias.
Martin Seligman señala (2011) que los niños quieren sentirse especiales para sus padres, que éstos reconozcan sus logros y que los alienten y consuelen en sus desaciertos, así como que los escuchen en sus incertidumbres y en sus sueños. De este modo crecerán sus logros, superarán sus caídas y formarán sus propias convicciones y proyectos (ver en este blog: Quiero que mis hijos sean felices).

Pero no es menos cierto que, en algunos momentos, cuando haya que suprimir un comportamiento erróneo o dañino, o que ya no se corresponde con la edad del niño, lo que se le ha explicado debidamente, por ejemplo: una rabieta porque no se le complace en un capricho inconveniente; hay que suprimir drástica, aunque momentáneamente, toda forma de atención y comprensión, sin siquiera mirarlo (ver en este blog: Mi hijo tiene rabietas).
En este sentido es fundamental distinguir entre el llanto expresivo el cual requiere comprensión y apoyo, del llanto funcional o manipulador, el cual debe ser absolutamente desatendido, mientras dure.
Y la tercera es una tarea para toda la vida: la administración de premios y castigos, sobre la base de principios y reglas previamente consideradas. Los primeros para fortalecer conductas apropiadas y virtudes personales; los segundos para debilitar o eliminar comportamientos indeseables. (Millenson, 1976).

Es necesario aclarar que los premios pueden ser objetos materiales, pero también reconocimientos, caricias, besos, actividades permitidas. Si hemos cumplido con el primer requisito: ser nosotros mismos una presencia gratificante y estimada, una sonrisa aprobatoria ante algo bueno que hizo o dijo nuestro hijo, puede tener mucha más fuerza de lo que normalmente se cree (ver en este blog: Premiar a los niños).
En lo que se refiere a los castigos (ver en este blog: ¿Castigar a los niños?) hay que tener muy en cuenta que éstos sólo sirven para suprimir conductas, nunca para desarrollarlas y, si bien son indispensables en los momentos en que un mal comportamiento no debe quedar impune, no es menos cierto que hay que cuidarse de no hacer un uso excesivo ni inapropiado de ellos y que son los premios, las caricias, los reconocimientos y las manifestaciones de amor, las que en una buena educación han de predominar.
En el libro de mi autoría, ¿Y QUÉ HAGO AHORA? ¡NADIE ME ENSEÑÓ A SER MAMÁ!, encontrarás 27 problemas frecuentes en los niños desde el nacimiento hasta los 12 años.
En relación con el amplio tema de la educación de los hijos puedes dirigirte a la sección ¿QUÉ HAGO SI MIS HIJOS…?, así como a los temas Aumentar conductas, Constituirnos en premios, Extinguir conductas y Castigar conductas, o cualquier otra técnica ubicada en PARTE II: PROCEDIMIENTOS PSICOLÓGICOS UTILIZADOS.
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BIBLIOGRAPHIC REFERENCE:
Bandura, Albert (1987): Pensamiento y Acción. Fundamentos Sociales, Editorial Martínez Roca, Barcelona, España.
Millenson, J.R. (1976): Principios de Análisis Conductual, Trillas, México.
Seligman, Martin (2011): La Auténtica Felicidad, Editorial Zeta, Barcelona, España.
