¿DORMIR CONMIGO O EN SU CUARTO?
Sobre la conveniencia, o no, de alargar el período de tiempo en el que el bebé duerma con los padres hay distintas opiniones que conviene tener en cuenta, las comentaré de seguidas con el fin de que el lector tome su decisión.

Algunos autores (Knobel, 2013) centran su postura en el derecho de los padres a tener un espacio para ellos y a que el bebé debe acostumbrarse a estar consigo mismo y a tolerar la frustración; por lo que debe dormir en su cuarto una vez pasada la cuarentena o cuando los padres vuelvan a tener relaciones sexuales, ya que no es conveniente que las tengan frente al nene, ni que dejen de tenerlas.
Otros (Santana, 2015) sostienen que hasta los tres meses debería dormir junto a ellos, o en una cunita muy cerca al alcance de la mano de la madre, para que ella pueda constatar que respira normalmente y evite una muerte súbita.

También hay que tener en cuenta que, a esa edad, si el bebé está acostado boca abajo y vomita puede ahogarse, ya que no tiene la capacidad de levantar la cabeza.
Mientras Seligman, (2011) por su parte, focaliza la atención en el sentimiento de apego seguro y la abundancia de emociones positivas, en espiral ascendente, que surgen al dormir con el nené, ya que se lo puede atender de modo rápido y continuo. Esto le genera seguridad y confianza en sí mismo, por lo que se atreve a explorar el terreno más prontamente que otros niños.

Los argumentos expuestos, además de tus condiciones particulares y reales, son cruciales para tomar la decisión de hasta cuándo alargar el dormir con tu bebé. La protección física a su condición de recién nacido es ineludible, además del afecto cálido y continuado que le aportará confianza en sí mismo y un desarrollo en espiral de sus sentimientos positivos. Pero no es menos cierto que hay que ir poniéndole límites y ubicándolo en su realidad.
Proporcionar afecto y seguridad, al mismo tiempo que ponerle límites, son dos cosas que deberás hacer siempre y en todos los ámbitos. Para tomar esta decisión particular también tendrás que tomar en cuenta tus circunstancias, las del niño y toda la familia, así como tu visión y la del padre en relación al grado de permisividad o rigurosidad que les parezca adecuado. Pero lo que siempre deberías evitar es:

- Ser demasiado permisiva, no poniendole los límites que le enseñarán a respetar normas y manejar la frustración,
- Ser demasiado rígida, negándole la protección y calidez por la que aprenderá a confiar en sí mismo y los demás,
- Ser inconsistente, siendo muy laxa un día y rigurosa otro, lo que no permitirá que el niño sepa a qué atenerse. Para evitar esto último, que quizás sea lo peor, debes tomar decisiones en armonía con tus convicciones y sentimientos, de modo de enviar mensajes coherentes a tu querido bebé.
Más detalles sobre este tema los encontrarás en ¿Y QUÉ HAGO AHORA? ¡NADIE ME ENSEÑÓ A SER MAMÁ! especialmente los temas ¿Será mejor que duerma conmigo o en su cuarto? e Inducir emociones. También puedes consultar en este mismo blog Disciplinar con amor y Educar; así como visitar Facebook Urquia Larralde (psykia),Twitter @psykia20 e Instagram @psykia20
Agradezco las observaciones, preguntas, sugerencias o críticas que quieras hacerme a través de psykia20@gmail.com. Serán bienvenidas y con gusto las responderé.
REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:
Knobel, Joseph (2013): El reto de ser padres, Edit. Melvin C.A., Venezuela.
Santana, Ingrid (2017): Conversación personal.Seligman, Martin (2011): La auténtica felicidad, Edit. Zeta, Bardelona, España.

